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La vida es una constante reinterpretación
La vida es una constante reinterpretación se inscribe dentro de una práctica de gráfica expandida que articula procesos técnicos, pensamiento simbólico y exploraciones contemporáneas sobre el cuerpo como territorio de conocimiento.
Realizada mediante láser sobre madera de pino, con intervenciones en tinta china, acuarela y aplicación de hoja de oro, la obra despliega una materialidad compleja donde convergen lo industrial y lo orgánico. Este cruce técnico no es únicamente formal, sino conceptual: plantea una reflexión sobre las formas actuales de producción de la imagen y su relación con la tradición gráfica.
El cuerpo representado aparece fragmentado, abierto y en proceso de transformación. Lejos de una lectura anatómica, la figura funciona como una metáfora de la reescritura del sujeto, donde identidad, memoria y experiencia se reconfiguran constantemente. La presencia de un doble corazón —uno biológico y otro recubierto en hoja de oro— introduce una tensión entre lo vital y lo simbólico, entre lo efímero y lo trascendente.
Los tres círculos operan como estructuras de sentido vinculadas a la alquimia, entendida aquí como modelo de transformación. Estos elementos remiten a procesos de transmutación —material y espiritual— y sitúan la obra en una dimensión temporal cíclica, donde la repetición y el cambio coexisten.
La incorporación de texto manuscrito añade una capa de lectura que vincula imagen y lenguaje, reforzando la idea de la obra como espacio de inscripción. En este sentido, el grabado deja de ser únicamente una técnica de reproducción para convertirse en un campo de pensamiento, donde la imagen es también escritura.
Asimismo, los tres orificios perforados en la pieza introducen una dimensión objetual que rompe con la bidimensionalidad tradicional del grabado. Estas aperturas funcionan como dispositivos conceptuales que aluden a nociones de vacío, tránsito y umbral, activando una experiencia espacial en el espectador.
En conjunto, la obra propone una relectura contemporánea del grabado como un medio expandido, donde convergen tecnología, materia y pensamiento simbólico.
Aquí, la vida no se representa: se procesa, se transforma, se reescribe.